Has vuelto a aparecer, cuando creía que ya era inmune a ti.
Has vuelto a estar muy cerquita de mí, sonriéndome, como cuando vivía en ese mundo imaginario que tú creaste para mí: tú jamás te abandonaste a la locura del amor.
Has vuelto a romper mis esquemas. Pensaba que estabas, por fin, muy lejos de mi vida. Pero no era así. Tan sólo había que esperar a que el destino me la jugara de nuevo y tú aparecieras.
Pero lo peor no es todo eso. Lo peor es que me has hecho recordar. Y sí, has conseguido volver a hacerme llorar.
Has vuelto a estar muy cerquita de mí, sonriéndome, como cuando vivía en ese mundo imaginario que tú creaste para mí: tú jamás te abandonaste a la locura del amor.
Has vuelto a romper mis esquemas. Pensaba que estabas, por fin, muy lejos de mi vida. Pero no era así. Tan sólo había que esperar a que el destino me la jugara de nuevo y tú aparecieras.
Pero lo peor no es todo eso. Lo peor es que me has hecho recordar. Y sí, has conseguido volver a hacerme llorar.

Eso fue lo que escribí el primer día que te ví después de meses sin saber el uno del otro. No pensaba transcribirlo al blog, iba a quedarse perdido en un folio que algún volvería a leer sin dolor, pero esta misma noche he comprobado que todavía tienes el poder, sin siquiera proponertelo, de hacerme sentir triste por lo que hubo, y quizá todavía más por lo que no quisiste que hubiera.